Los periodistas habían investigado un poco y dieron con Ana
en su afán de buscar a Lali. El constante sonar del timbre del teléfono les
estaba destrozando los nervios de tal forma que por fin Ana lo desconectó, y
salieron al patio de atrás para sentarse junto a la piscina. Peter había
insistido tanto en que Lali llevase todo el tiempo encima el teléfono móvil que
lo sacó al exterior y lo depositó a un costado, sobre el cojín de la tumbona de
jardín.
Había una enorme sombrilla para tapar el sol. Lali dio una
cabezada mientras Ana leía. En la casa reinaba el silencio; como sabía que Lali
tenía los nervios de punta, Ana había enviado a Nicolás a jugar a casa de un
amigo, y Stefanie se había ido al centro comercial con sus amigas. Al fondo se
oían piezas de música clásica de piano que reproducía un CD, y Lali notó que su
dolor de cabeza por fin empezaba a remitir, igual que una ola que se retira de
la orilla.
No podía pensar más en Eugenia y en Candela, ya no. Estaba
agotada mental y emocionalmente. En su estado ligeramente adormilado, pensó en
Peter y en lo fuerte que era. ¿Habían pasado sólo tres semanas desde que ella
lo considerara la oveja negra del barrio? Habían ocurrido tantas cosas que
había perdido la perspectiva del tiempo; parecía que lo conociera hacía meses.
Llevaban casi una semana siendo amantes, y dentro de poco
iban a casarse. Le costaba creer que estuviera dando un paso tan importante de
manera tan precipitada, pero tenía la sensación de estar haciendo lo correcto.
Sentía que Peter era el hombre apropiado, como si ambos fueran piezas de un
rompecabezas que encajaran entre sí. Con sus otros tres prometidos no se había
precipitado en absoluto, y ya sabemos cómo habían terminado aquellos
compromisos. Esta vez iba a hacerlo sin más. Al diablo con las precauciones;
iba a casarse con Peter Lanzani.
Había mucho que hacer, muchos detalles de que ocuparse.
Gracias a Dios que contaba con Ana, porque ésta se estaba encargando de los
problemas tácticos, como el lugar y la comida, la música, las flores, las
invitaciones, los grandes toldos para dar sombra y acoger a los invitados. Jamás
tímida, Ana ya había hablado con la madre de Peter y con su hermana mayor,
Doro, y las había hecho participar en los preparativos. Lali sentía una cierta
desazón por no haber conocido a ningún miembro de la familia de Peter, pero con
la muerte y el funeral de Eugenia, ahora lo de Candela, no había tenido la
oportunidad de hacerlo.
Se alegraba de que a Peter se le hubiera ocurrido
decírselo a los suyos antes de que los llamase Ana, o de lo contrario la
impresión habría sido todavía más fuerte.
Al fondo sonó débilmente el timbre de la puerta, lo cual la
sacó de sus vagos pensamientos. Suspiró y miró a Ana, que no se había movido.
— ¿No vas a ver quién llama a la puerta?
—Ni hablar. Seguro que es algún reportero.
—Podría ser Peter.
—Peter habría llamado... Ah, claro, he desconectado los
teléfonos. Maldita sea —se quejó Ana dejando el libro boca abajo en la mesa que
había entre las dos tumbonas—. Estoy entrando en una parte muy interesante. Por
una sola vez, me gustaría leer un libro sin interrupciones. Si no son los
niños, es el teléfono. Si no es el teléfono, es el timbre de la puerta. Ya
verás cuando Peter y tú tengáis hijos —la advirtió al tiempo que abría la
puerta de cristal del patio y pasaba al interior de la casa.
--
Peter alteraba entre juramentos y plegarias mientras
sorteaba coches con la luz policial encendida. En casa de Ana no contestaba
nadie. Había dejado un mensaje en el contestador, pero ¿dónde podían estar?
Lali no se habría ido a ninguna parte sin decírselo a él, dadas las
circunstancias. No había estado tan aterrorizado en toda su vida. Había enviado
coches patrulla a casa de Ana, pero, Dios santo, ¿y si ya fuera demasiado
tarde?
Entonces se acordó del teléfono móvil de Lali. Conduciendo
con una sola mano, el pedal del acelerador pisado a fondo, miró su teléfono y
pulsó el número programado de Lali. Acto seguido esperó a que se estableciera
la conexión y rezó un poco más.
--
Oyó tabletear la valla del patio. La cerca que protegía la
zona de la piscina tenía dos metros y medio de altura y estaba construida con
tablillas de madera sobre un sólido enrejado, pero la cancela era de barras de
hierro forjado. Lali, sobresaltada, se incorporó y miró hacia allí.
— ¡Lali!
Era Leah Street, nada menos. Parecía estar frenética, y
sacudía la puerta con una mano como si pudiera abrirla a empellones.
— ¡Leah! ¿Qué ocurre? ¿Es Rochi? —Lali se levantó de la
tumbona de un salto y corrió hacia la puerta. El corazón casi se le salía del
pecho, tan intenso era el pánico que la invadía.
Leah parpadeó como si la pregunta de Lali la hubiera
sorprendido. Su mirada, extrañamente fija, se clavó en Lali.
—Sí, es Rochi —respondió, y sacudió una vez más la cancela—.
Abre la verja.
— ¿Qué ha pasado? ¿Se encuentra bien? —Lali frenó en seco
enfrente de la verja y alargó una mano para
abrirla, pero entonces cayó en la
cuenta de que no tenía la llave de la cerradura.
—Abre la verja —repitió Leah.
— ¡No puedo, no tengo la llave! Voy a buscar a Ana... —Lali
dio media vuelta casi llorando de terror, pero Leah introdujo una mano por la
verja y la aferró del brazo.
— ¡Eh! —El susto la sacó de su pánico, se zafó de un tirón y
se volvió para mirar fijamente a Leah.
¿Qué demonios...?
Pero aquellas palabras murieron en su garganta. El brazo
estirado de Leah estaba manchado de sangre y la mano tenía dos uñas rotas. Leah
se apretó con más fuerza contra la verja, y Lali vio más plastones rojos en la
floja falda.
El instinto la hizo retroceder.
— ¡Abre la maldita verja! —chilló Leah sacudiendo la cancela
con la mano izquierda como si fuera un chimpancé enloquecido dentro de una
jaula. Su cabello rubio y sedoso le flotaba alrededor de la cara.
Lali contempló la sangre, y luego el cabello rubio. Vio
aquel brillo extraño que tenían los ojos de Leah y la expresión desencajada de
su rostro, y entonces se le heló la sangre en las venas.
—Maldita puta asesina —dijo medio susurrando.
Leah fue rápida como una serpiente atacando. Levantó el
brazo derecho que tenía al costado y lo introdujo por entre las barras de la
verja blandiendo algo contra la cabeza de Lali. Lali se echó hacia atrás y
perdió el equilibrio, y dio unos cuantos traspiés antes de precipitarse al
suelo. Al caer se retorció hacia un lado y aterrizó sobre la cadera. Estimulada
por la adrenalina, volvió a incorporarse de un salto antes de percibir ningún dolor
por el fuerte impacto.
Leah la atacó de nuevo. Era una herramienta para neumáticos.
Lali se apartó aún más de la verja y chilló:
— ¡Ana! ¡Llama a la policía! ¡Rápido!
Sobre la tumbona empezó a sonar su teléfono móvil. Volvió la
vista hacia él involuntariamente, al tiempo que Leah, en un arranque de fuerza
demencial, comenzaba a golpear la cancela con la herramienta. El metal producía
un sonido estridente a cada porrazo, y por fin cedió la cerradura.
Leah abrió la verja de un empujón, con el rostro
distorsionado en una mueca horrible, y entró en el recinto.
—Eres una puta —rugió, alzando en el aire la herramienta—.
Eres una puta vulgar y deslenguada, y no mereces vivir.
Sin atreverse a apartar la vista de Leah ni siquiera durante
un segundo, Lali fue apartándose lentamente hacia un costado, con la intención
de por lo menos poner por medio una silla entre ambas. Sabía lo que
significaban las manchas de sangre que tenía Leah en las manos y en la ropa,
sabía que Rochi también estaba muerta. Todas habían desaparecido ya, todas sus
amigas. Aquella zorra demente las había matado.
Retrocedió en exceso. Casi estaba al borde de la piscina. Se
apresuró a corregir la dirección que llevaba, apartándose del agua.
En aquel momento salió Ana de la casa con la cara pálida y
los ojos muy abiertos. En la mano llevaba uno de los palos de hockey de Nicolás.
—He llamado a la policía —dijo con voz temblorosa y la
mirada fija en Leah, igual que una mangosta vigilando a una cobra.
E, igual que una cobra, Leah trasladó su atención a Ana.
No, pensó Lali. La palabra adquirió la forma de un débil
susurro en su mente. También Ana, no.
— ¡No!
Fue un rugido que le surgió de la garganta, y literalmente
se sintió estallar ella misma al tiempo que la invadía una oleada de furia
salvaje, como si la piel no pudiera contenerla. Una niebla roja le enturbió los
ojos y su campo visual se estrechó para concentrarse tan sólo en Leah. No fue
consciente de haberse abalanzado sobre ella, pero Leah retrocedió para
encararse con su agresora levantando en alto la herramienta.
Entonces Ana asestó un golpe con el palo de hockey y distrajo
momentáneamente a Lali. El grueso madero alcanzó a Leah en el hombro y la hizo
chillar rabiosa, pero no soltó la herramienta de la mano. En lugar de eso, la blandió
describiendo un amplio arco hacia un costado y golpeó a Ana en plena caja
torácica. Ana lanzó un grito de dolor y se dobló hacia delante. Leah alzó la
barra de hierro para golpearla de nuevo en la nuca, y en aquel momento Lali arremetió
contra ella con todo el ímpetu que le proporcionó la furia que la alimentaba.
Leah era más alta y pesaba más. Cedió al ataque de Lali y al
instante la golpeó en la espalda con la herramienta, pero Lali estaba demasiado
cerca para que el golpe fuera efectivo. Leah se irguió y recuperó el
equilibrio, y apartó a Lali de un empujón. A continuación volvió a levantar la
herramienta y dio dos pasos rápidos en dirección a Lali.
Ana se enderezó sosteniéndose las costillas, el rostro
congestionado por la rabia. Se lanzó hacia delante también, y las tres se
tambalearon a causa del fuerte impulso. El pie izquierdo de Lali resbaló en el
borde de la piscina, y como si se tratara de un dominó, todas se precipitaron
al agua.
Enredadas unas con otras, debatiéndose, se hundieron hasta
el fondo. Leah aún tenía asida la herramienta, pero el agua ralentizaba sus
movimientos y no podía realizarlos con fuerza. Se revolvió salvajemente,
tratando de zafarse.
Lali no había tenido tiempo de tomar aire antes de
sumergirse bajo el agua. Le ardían los pulmones, sentía convulsionarse el pecho
en su afán de no inhalar agua. Logró liberarse y subió a la superficie como una
flecha. Aspiró grandes bocanadas de aire en cuanto le emergió la cara. Tosió y
escupió, y miró frenética a su alrededor.
Ni Ana ni Leah habían subido a la superficie.
Aspiró profundamente y volvió a zambullirse.
El forcejeo las había llevado a la parte más profunda de la
piscina. Vio el borboteo de las burbujas, sus formas retorciéndose, el cabello
flotando y la falda de Leah ondeando a su alrededor como una medusa. Lali se
dio impulso con las piernas y nadó hacia ellas.
Leah tenía a Ana agarrada por el cuello con un brazo.
Desenfrenada, Lali hizo presa en el pelo de Leah y tiró de él tan fuerte como
le fue posible, y Leah no pudo continuar sujetando a Ana, la cual salió
disparada hacia arriba igual que un globo.
Leah se retorció y agarró a Lali por la garganta apretando
los dedos con fuerza. La increíble presión hizo que Lali boqueara en un gesto
de anegamiento, y rápidamente le entró agua en la boca. Levantó las piernas,
las apoyó contra el estómago de Leah y empujó. Las uñas que tenía clavadas en
el cuello le laceraron la carne al liberarse, y vio el agua teñida de rojo frente
a sí.
En aquel momento apareció de nuevo Ana para empujar a Leah
otra vez al fondo de la piscina. Lali se abrió paso a duras penas para unir su
fuerza a la de Ana y se puso a empujar y forcejear sin atreverse a soltar su
presa, necesitando aire de nuevo, incapaz de respirar, sin querer soltar a Leah
para ascender a la superficie. Las manos de Leah se aferraban como zarpas a su
blusa, inamovibles.
El forcejeo de Leah fue haciéndose progresivamente más
débil. Sus desorbitados ojos las miraban a través del agua transparente como el
cristal, y poco a poco se fueron quedando fijos.
malaaaaaaaaaaaaa la locaa! mass
ResponderEliminarsssi murio no? MMMMMMMMMMMMAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSS
ResponderEliminardioooos pobre lali y ana! mas noveeeeeeeeeeeeeeee!
ResponderEliminarsiiii maratooon:) que se muera la loca y que rochi este vivaaa! mass nove!
ResponderEliminarmas nove mas nove mas nove mas nove mas nnove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nnove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nnove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove mas nove
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ResponderEliminarnunca me puse tan nerviosa leyendo una nove, buenisimaa, terminemosla massss!
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ResponderEliminarpeter se podria haber apurado un poquito masssss, que se muera la locaaaaaaaa! masssss! sos grosa!
ResponderEliminar:O mas nove porfavoorrrrr
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ResponderEliminarnooo pobre lali menos mas que estaba ana y se pudieron defender, mas porfa!
ResponderEliminarhola tendria que estar estudiando y estoy aca esperando tu nove, muy buena. Menos mal que lali y ana se defendieron, que llegue peter masssss!
ResponderEliminarmaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaasss!
ResponderEliminarsiii maratoooonnnnnnnnnn :) mas noveeee!
ResponderEliminarme hice pis encima de los nervios :O jaja no mentira! massss pofaaaaaa!
ResponderEliminarmas me encanto
ResponderEliminaresta buenisima la nove, mas!
ResponderEliminarmaaas mas mas ma smas mas mas !!!!!!
ResponderEliminarsubi mas!
ResponderEliminarvamos por otroo!
ResponderEliminarnada les puede pasar a ellas dos!
ResponderEliminara mi medio miedo la loca esta bss noe
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